Hace 100.000 años…


 

Me atrae el origen de las cosas. Conocer lo anterior. Lo que no se puede ver. Si bien en muchas ocasiones esto supondría un ejercicio de decepción (quién sabe si Alejandro Magno tenía una voz atiplada a la vez que conquistaba casi todo el mundo conocido, o si sus batallas no eran tales, sino escaramuzas contra grupúsculos diseminados aquí y allá), el poder conocer qué había ahí, o qué sucedió dónde es algo magnético para mí.
Desde que vi un documental en Canal Historia acerca de la cultura de los vedas, y más tarde otro en Odisea, en el que especulaba con la posibilidad de que la lengua más antigua de la Humanidad se encontrase en regiones del norte de Sudáfrica, me quedé prendado con la idea. Y como casi nunca tengo tiempo para estas cosas, se convirtió en un runrún que siempre me rondaba la cabeza; pero estos días busqué por la Red, y como no tengo forma de probar que está equivocada, tendré que asumir que lo que leo es veraz.
Sin ánimo de aburrir al personal, en las teorías lingüísticas se trabaja, entre otras cosas, con lo que se conoce como protolenguajes, esto es (sin ser despectivos), lenguajes de laboratorio, creados a partir de la supuesta involución de los actuales. Así, el lenguaje proto-indoeuropeo, sería creado a partir de la observación de las coincidencias entre las lenguas de esa familia que sean genuinas de ella. Buscando raíces comunes de, por ejemplo, lenguas romances y lenguas germánicas, y viendo se evolución, se puede recrear una involución.
En un capítulo de un libro de Merritt Ruhlen, lingüista norteamericano, además de abordar toda la polémica sobre las distintas tendencias que existen sobre este tema, apunta ejemplos de palabras que revelan un parecido en su raíz esclarecedor. Ruhlen pertenece a la corriente llamada monogenética, aquella de dice que el origen de los idiomas estuvo en una única lengua, la que hablarían esos primeros sapiens sapiens. Las otras corrientes sugieren que las lenguas surgieron en diferentes puntos del planeta, bien a la vez, bien en momentos diferentes. Aunque no soy arqueólogo, ni paleontólogo, si pienso en ello me inclino también por un origen único. Cuando nuestros ancestros salieron del África en busca de nuevos horizontes, me cuesta imaginármelos sin comunicarse verbalmente. De esto hace 100.000 años. Pero por lo visto, no debió de ser así, porque apunta: “Si el proto-Australiano, que data probablemente del 40.000 AD o más, tiene reflejos en lenguas actuales, muy similares a la forma reconstruida (el proto-Australiano), ¿cómo puede alguien poner objeciones a que suceda lo mismo entre el proto-Sapiens (la lengua original) y las lenguas de hoy en día, si son sólo 20 o 30.000 años anteriores al proto-Australiano?” . Es decir, a día de hoy se estima que el lenguaje como tal, nació como mucho, hace unos 70.000 años, quizá 80.000. Aunque luego en otro pasaje hace la reflexión de que no podemos rechazar ninguna posibilidad de origen, puesto que desconocemos cómo fue la evolución lingüística en los últimos 100.000 años. En fin.
En definitiva, algunas tendencias apuntan Khoi-san, hablado en gran parte de Sudáfrica y Namibia (que tiene como característica principal la existencia de cliqueos en su pronunciación), como posiblemente el más relacionado con el origen del lenguaje. Según el reportaje de Odisea, lo hablaban unas pocas mujeres del norte de Sudáfrica con cuya desaparición, moriría su lengua. Caso que ocurrió con la reciente muerte de Boa Senior, la última hablante de una antigua lengua india, una de las existentes en el archipiélago de las islas Adamán y Nicobar (con nombre de empresa de catering), en el Golfo de Bengala, y por cuyo rescate nada se pudo hacer. Resumiendo la noticia de la BBC, e informada por una experta lingüista india, estas islas son el sueño de los antropólogos. Las lenguas adamanesas se creen originarias de África, estimándose la antigüedad de algunas de ellas, como el ahora desaparecido Bo, en 70.000 años. Como dato anecdótico, esa es la época de la erupción del Toba, que apunto estuvo de terminar con la especie humana (el ADN mitocondrial revela que sólo sobrevivieron unos pocos miles de individuos), además de ocasionar una extinción masiva en otras especies. Pero lo más triste y frustrante de toda esta historia, es que esta mujer que murió con 85 años, llevaba 30 o 40 siendo la única hablante desde la muerte de sus padres, y sin posibilidad de salvar su lengua puesto que no sabía otra. Con el tiempo se vio forzada a aprender otra variante de adamanés para comunicarse con los demás, pero en su vida cotidiana tenía más cosas que hacer que salvar una de las pocas lenguas hasta ahora vivas de la era del pre Neolítico. Esto plantea supuestos interesantes: ¿qué habría ocurrido si esa mujer hubiera sido consciente de su interés cultural? Desde un punto de vista científico, ¿no debería haber sido objeto de especial estudio su caso? El rescate de una lengua milenaria, ¿no es importante para un mayor conocimiento de las actuales? De haber concitado el interés científico internacional y de haber sido objeto de especial protección, ¿qué ocurriría si se dedicase a asesinar a sus semejantes?, ¿sería condenada a la pena capital (en caso de que la hubiera en su país)?
Si queréis oír cómo suenan las palabras de hace 70.000 años, aquí podéis escucharlas.
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