Su puta madre


Bajas a la cafetería para disfrutar de unos minutos de placer acompañados de un buen libro y un café. Cuando te estás aproximando ves que sale gente y que queda casi vacía. Esto promete.

Pides el café. Sacas el libro y comienzas la lectura tranquilamente. Vuelves sobre tus pasos para recordar y disfrutar de la página anterior para ponerte en situación. El café es delicioso. Vamos viento en pop…

¡AH NO! ¡SI ESA SE QUIERE SEGUIR METIENDO EN TUS ASUNTOS…!

…a.

Sobresalto. Me han despertado de mi sueño.

¡NO, NO, NO, NO! ¿QUÉ SE CREERÁ? ESA YA NO ES SU CASA

Sostengo un libro en las manos. Tengo la cabeza inclinada para leerlo. Una voz masculina con entonación ligeramente afeminada golpea el ambiente como un martillo hidráulico.

¡YA LA CONOZCO DESDE HACE MUCHO! ¿QUIÉN SE CREERÁ?

Trato de no mirar. Las letras son manchas de tinta sobre el papel.

¡CONMIGO VA MAL POR ESE CAMINO!

Es un tipo con cabeza de pene dotado de un frondoso bigote. No me da tiempo a verle más porque automáticamente bajo la mirada. No quiero poner cara a mi odio. Sus frases siguen irrumpiendo en la conversación. Imagino que cuando cesa el estruendo es porque su interlocutora le corresponde.

Intento por enésima vez leer ese principio de párrafo que ahora se muestra desafiante. Empiezo. “Los miles de millones de cél…

¡AH NO, NO! ¡CONMIGO, NO!

…ulas.

La voz ha mutado. Ahora es la de una mujer con tono masculino. Sus intervenciones son menos continuas que las del pene amostachado.

Tengo un montón de finas láminas de celulosa en mis manos. No sé por qué tengo la cabeza inclinada. La levanto para coger la taza de café.

¡DESDE LUEGO QUE SÍ, PERO CONMIGO SE EQUIVOCA!

¿Qué le pasa a esta gente?

A estas alturas se me atraganta hasta el perrito que la camarera amablemente ha dibujado con la espuma en la taza. Cuando tomo el sorbo, compruebo que la nueva turbulencia se encuentra en segundo plano, entre el pene martilleador y su acompañante. En una mesa al fondo, una señora con ligero sobrepeso, pelo corto teñido de rubio y gafas redondas. Sé que no debería, sé que puede ser muy solidaria y amable, sé que puede tener un gran corazón, sé que puede ser donante de sangre y órganos, que puede que cuide del medio ambiente y recicle correctamente, sé que puede que se emocione con la bondad ajena y desee el bien ajeno, que sea honrada y tolerante, sé que pueden ser muchas cosas buenas.

El odio te nubla el pensamiento. No te deja ver con claridad. Por su edad empiezas a lamentar que sus padres hayan tenido acceso a las cartillas de racionamiento.

¡PUES NO!…..¡CLARO QUE NO!

Una morsa con gafas y epitelios pajizos emite ruidos guturales que interaccionan con los de un cipote sin afeitar.

“Ya estamos a media semana, eh?”

Veo los ojos de la camarera.

“Eso parece”, respondo maquinalmente.

Tomo otro sorbo. Miro al infinito. No quieres, pero ya te concentras en oír voces insultantes, ofensivas.

Es en ese momento cuando el primer estorbo se va.

Tengo la cabeza inclinada, y un peso entre las manos.

¡DESDE LUEGO QUE NO!

Me viene a la cabeza aquello de: “El infierno son los demás”.

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