El horror


He visto imágenes de Libia, de la revuelta y posterior represión en Libia. Ha sido en Periodismo Humano, donde siempre están dispuestos a denunciar cualquier injusticia en el mundo. Y por primera vez en mi vida, sentí el horror. Da igual que leas esto, es una sensación personal. Del mismo modo que quien esté allí te dirá que hay que vivirlo, más que sentirlo.

Viendo las imágenes en mi PC me quedé horrorizado. Me quedé horrorizado al contemplar a personas como tú y como yo inmersos en una completa locura deshumanizada por calles como las de tu ciudad. Por lugares comunes y cotidianos, por una acera ante un portal desde donde podría salir una persona a su trabajo o un niño a jugar, una cámara nerviosa se encuentra a un hombre gemebundo con sus pantalones ensagrentados saliendo de él a la calle, para luego encontrarnos dentro con un charco de sangre y un joven. Son desgarradores los gritos y exclamaciones del hombre, seguramente clamando venganza. O la del presunto mercenario al que le han roto los pulgares, reventado literalmente un ojo y arrancado la nariz y parte del labio. Hay muchas más, pero se quedan conmigo.

Por lugares como el tuyo y el mío. Por donde tú vas a jugar con tu hijo, ellos son mutilados, torturados y asesinados sin misericordia. Muchas veces había visto imágenes de guerra en televisión: Ruanda, Sierra Leona, los Balcanes…, pero esta vez, por alguna razón que no entiendo, me ha llegado al fondo del alma. Esta vez he sentido la compasion infinita por el género humano, esta vez he experimentado el acíbar de la Injusticia, la amargura de la gratuidad de la miseria humana, las palabras del Coronel Kurtz en Apocalipsis Now: “He visto el horror”; y no he podido evitar sentir por primera vez en toda su extensión, las palabras de John Donne, periodista estadounidense que cubrió nuestra Guerra Civil: “Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti”.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Social. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s